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OPINIÓN

Julio Cury: Así es la cosa

Nadie ignora que en la campaña electoral del 2012, fui asesor de Hipólito Mejía. Vinicio Castillo, acaso como si hubiese descubierto el hilo en bollito, quiso recientemente presentarme como incoherente al llamarme de “danilista” y republicar en su cuenta de tuiter uno de los tres comerciales televisivos que hice entonces en apoyo al ex gobernante.

Primero que nada, me permito aclarar que jamás he pertenecido al PLD, lo cual no es óbice para que exponga públicamente mis posiciones jurídicas sin detenerme a calcular si benefician o perjudican políticamente a un dirigente de ese partido. Condicionar hacerlo al aprovechamiento o afectación de intereses ajenos, sería oportunismo, por lo que nunca me guardo de los dientes para adentro mis convicciones, muchas de las cuales sean quizás erradas, pero son siempre mis convicciones.

He tenido la audacia intelectual de sostener públicamente que el vigésimo transitorio constitucional, al imponerle al presidente Medina la prohibición de aspirar “para el período constitucional siguiente ni a ningún otro”, viola su derecho de igualdad frente a sus iguales, esto es, frente a Hipólito Mejía y Leonel Fernández. En efecto, al retener como criterio de diferenciación su repostulación en el 2016, el constituyente discriminó, toda vez que los mencionados ex mandatarios también se repostularon de forma consecutiva y, sin embargo, el transitorio referido apenas contempló consecuencias en detrimento del actual jefe de Estado.

Vinicio se ha dedicado a la actividad política, y por tanto, le resulta muy difícil entender la tensión entre la misma disposición transitoria y el principio de igualdad, y que tal como lo he explicado en otras entregas, adjudica su sanción de forma irrazonable y arbitraria.

Y dejando ya de lado la antinomia constitucional, me apresuro a aclarar que reelegir es volver a elegir, lo que adaptado al quehacer público significa elegir una persona para ocupar el mismo cargo por segunda, tercera o enésima vez.

No se trata de hacerlo consecutivamente, sino en más de una ocasión. ¿Por qué lo digo? Pues porque los seguidores de Fernández pecan de ilógicos al abominar de la eventual repostulación de Medina, pues mientras la de este último sería la segunda, la del presidente del PLD sería la tercera, con posibilidad de aspirar a una cuarta.

Parecer que una cosa es con violín y otra con guitarra, ya que mientras la reelección de uno es mala, tal vez por no haberse prestado a ser títere de nadie, la del otro sería la panacea.

Coherencia no es permanecer anclado a un grupo contra viento y marea, sino actuar acorde con las ideas que se profesan. Quien esto escribe no aboga por la repostulación del presidente Medina, pero defiende su derecho constitucional a hacerlo en base a las razones que he ofrecido en múltiples escenarios, y que para mi satisfacción han sido socorridos por brillantes académicos de diferentes países del continente.

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OPINIÓN

Alejandro Abreu: La trayectoria pública de Miguel Vargas, el relato no contado

En su primer momento público estelar, sin solución prefirió renunciar.

La trayectoria pública de 36 años de Miguel Vargas se inicia en 1982, al ser nombrado por el presidente Salvador Jorge Blanco Director General de la “Corporación de Acueducto y Alcantarillados de Santo Domingo”. Su primer momento estelar fue la promoción del proyecto de construcción de la “Presa de Madrigal”, que buscaba una solución sostenible a la disposición de este líquido vital para el Gran Santo Domingo.

Venía de realizar en la década del 1970: una labor profesional destacada en la “Compañía Dominicana de Teléfonos” como gerente en su departamento de ingeniería, del inicio de sus exitosas iniciativas empresariales privadas, y de la participación en el Partido Revolucionario Dominicano, de la mano de Fulgencio Espinal.

La realización del proyecto Madrigal fue obstaculizado debido a la división al interior del partido de gobierno, entre las tendencias de los ex presidentes Jacobo Majluta y Jorge Blanco; a pesar de este contar con el visto bueno para ser financiado de manera favorable para el país, por parte de un organismo financiero internacional, diligenciado por el gobierno y Miguel Vargas en su condición de director general de la CAASD.

Más de tres décadas después de la iniciativa para construir la presa en el rio Madrigal afluente del rio Haina, especialistas del área de la ingeniería hidráulica, continúan reconociendo que este era el mejor proyecto y el de menos costos para garantizar la disponibilidad de agua en la zona urbana más importante, y de mayor demanda. Esta oportunidad se perdió por la falta de entendimiento al interior de los grupos de poder de la época.

El primer momento estelar de Miguel Vargas en la vida pública fue limitado por intereses y agentes extraños a él, a sus intenciones y acciones. Por tal causa renunció al cumplir dos años en su primera función pública, el 16 de agosto del 1984.

Sin la solución de la Presa de Madrigal, prefería no ser Director de la CAASD y renunciar a los privilegios que supone ser funcionario público.

Consolidó sus iniciativas empresariales (sin tener cargos públicos) combinándola con un intenso trabajo político de servicio a José Francisco Peña Gómez.

Una vez fuera de los cargos públicos (1984/2000), se dedicó a sus iniciativas empresariales en proyectos de construcción de centros y plazas comerciales, torres de apartamentos y almacenes aduanales, proyectos turísticos y hoteleros; además de acompañar a Peña Gómez, junto a Hatuey Decamps en su respaldo político y financiero, desde la Comisión Económica del PRD.

Sin contar con la existencia del presupuesto público para el mantenimiento de los partidos, sustentó sistemáticamente las iniciativas del LIDER, así como los gastos administrativos y la nómina del PRD.

Fueron dieciséis años de desarrollo de inversiones en diversos campos, de confianza y apoyo al líder histórico de su partido; interrumpidos por sus aspiraciones a Acalde del Distrito Nacional en la convención del 1997, motivado por el propio Peña Gómez para equilibrar las fuerzas al interior del PRD, entre las tendencias del futuro presidente Hipólito Mejía y la del ex ministro y alcalde Fello Suberví. Estás serían las primeras elecciones municipales separadas, recién aprobadas por la reforma constitucional impulsada por el PRD en 1994.

Su segundo gran momento público, vino precisamente de la mano del LIDER HISTORICO del PRD.

En su segundo gran momento político, Miguel Vargas representó de manera directa los intereses y la visión del líder histórico de ese partido. Lo eligió por su hoja de servicio incondicional, fidelidad y la confianza ganada en años de apoyo permanente y consecuente.

Gracias a esta táctica política de lanzar la precandidatura de uno de sus colaboradores más cercanos, se produjo un equilibrio de fuerzas entre los tres principales aspirantes, Eligio Jaquez, Julio Mariñez y Miguel Vargas, incorporado a la competencia a última hora por el pedido expreso del Líder histórico del PRD.

Este tranque posibilita la última candidatura del Dr. Pena Gómez. Su presencia en la boleta electoral del 1998, contribuyó de manera decisiva a la gran victoria de su partido a nivel del Congreso y los Ayuntamientos que a su vez galvanizó el camino para la victoria presidencial del PRD en las elecciones de mayo del 2000.

Su eficaz servicio político a José Francisco Peña Gómez, y por vía de consecuencia a las victorias del PRD, en el 1998 y el 2000, lo catapultó al escenario político nacional de primer nivel.

Lo logrado, se lo ha ganado

por esfuerzo propio. Se mantendría en los próximos dieciocho años (2000-2018) como uno de los principales hombres públicos, y más exitosos funcionarios de nuestra historia republicana.

A partir del 1998 continuarían sus logros profesionales y políticos, fruto de su capacidad gerencial y su visión para ver lo que otros no alcanzan; ahora sin la presencia física de su líder José Francisco Peña Gómez, del cual fue día a día, su fiel escudero en el desarrollo de su intensa agenda, en los campos, ciudades del país, y en sus constantes viajes al exterior.

En sus primeros 23 años de vida pública (1977-2000) solo ocupó dos años un cargo oficial, una evidencia práctica y objetiva de que su patrimonio empresarial y familiar no está asociado a la administración de presupuesto público.

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