La gestión política de un gobierno no solo se mide por resultados económicos o desarrollos sociales, sino también por la forma en que sus aliados son
La gestión política de un gobierno no solo se mide por resultados económicos o desarrollos sociales, sino también por la forma en que sus aliados son valorados y reconocidos.
En las elecciones generales de mayo de 2024, el presidente Luis Abinader obtuvo su reelección con una cómoda mayoría, alcanzando alrededor del 57.4 % de los votos válidos con sus aliados políticos. Sin embargo, detrás de esa victoria numérica hay historias de compromisos y expectativas políticas que merecen ser analizadas con seriedad.
Uno de los aliados más relevantes en aportación de votos fue el Partido Justicia Social (JS), liderado por Julio César Valentín, con un aporte de 49,305 votos a la candidatura presidencial —equivalente al 1.13 % del total de sufragios obtenidos por la coalición oficialista—, el mayor de todos los partidos aliados al PRM en esa elección.
Para un partido nuevo, con un fuerte arraigo especialmente en la provincia de Santiago, ese resultado no es menor: representó el mayor incremento electoral que un aliado aportó directamente a la boleta de Abinader.

JS fue, estadísticamente, la fuerza aliada que más sumó al triunfo del presidente.
A pesar de ello, hasta ahora Julio César Valentín no ha recibido un cargo en la administración que refleje proporcionalmente ese aporte electoral. Su designación en la Superintendencia de Seguros, si bien es un espacio institucional, no satisface las expectativas de peso político ni de visibilidad pública que muchos esperaban, considerando el impulso que su partido dio para consolidar votos en la boleta presidencial.
Más aún cuando otras organizaciones con menor aporte, como Alianza Dominicanos por el Cambio (DXC), lograron puestos importantes, como el Ministerio de Obras Públicas, y otras figuras políticas obtuvieron ministerios de alta cartera.
Ese contraste plantea una pregunta legítima: ¿por qué el principal contribuyente de votos dentro de la coalición oficialista no ha sido reconocido con un papel de mayor peso político? La política, al final, también se construye con números y con reconocimiento público de aportes significativos.
Los recientes cambios en el gabinete —que incluyeron movimientos en ministerios clave como el de Comercio, la Dirección General de Aduanas y el MIVED— abren una oportunidad para corregir ese desequilibrio.
El presidente Abinader tiene la última palabra, y es él quien puede enviar una señal clara de que, en política, el apoyo claro y cuantificable se corresponde con cargos de responsabilidad para fortalecer la cohesión de su gobierno.
En un sistema democrático moderno, quien hace el trabajo político relevante y demuestra capacidad de convocatoria debe ser recompensado no solo con palabras, sino con cargos que fortalezcan tanto la administración como la confianza de los votantes.
El país y la cultura política dominicana merecen coherencia entre el aporte de una fuerza política y su integración efectiva en el proyecto de gobierno.


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